
A través de la experiencia es posible instaurar un nuevo comienzo como punto de partida. Sin alimentar una falsa idea de que todo puede ser definitivamente explicado, sin que esto implique la más absoluta soledad de creencia y pensamiento individual.
La soledad remite así a una estructura de poder cuya singularidad representa la autonomía del hombre en un estado de no-integración. Impidiendo de éste modo la formación de una comunidad. Convirtiéndola en un laberinto de individualidades, clausurando cualquier posible salida, cercando así al progreso y a la evolución del hombre.
Este acto produce un el encierro en la evocación del pasado, dejando al hombre asilado e incomunicado. Quebrantando la autonomía del ser humano, y trasportándolo a las zonas más oscuras de creencias de victoria individual, resistiendo a todo progreso.